sábado, 24 de noviembre de 2007

Atormentado por la soledad y el silencio

Soledad, maldita soledad que siempre me acompaña.
Silencio, maldito silencio que no me deja escuchar las voces a mí alrededor, no me permite hablar y me impide llorar y gritar.

Maldito dúo que siempre me atormenta, y nunca se separa una del otro, ni al revés, y nunca se separan de mí. Si tan solo un momento me abandonaran, me dejaran a solas con mis pensamientos, cuanto mejor con mis semejantes, podría ser feliz, o encontrar alguna forma de ser feliz.

Felicidad, sentimiento o decisión, no lo sé, cuánto daría por saberlo, por sentir su compañía, su abrazo, su paz. No más risas vacías o carcajadas burlonas. Solo felicidad

domingo, 18 de noviembre de 2007

Crónicas vampiricas

Algunos chispazos tomados de diferentes personajes de esta serie de Anne Rice, en su mayoría Lestat.

Dios no vivía en esa iglesia.

Esto es la infelicidad. Una infelicidad que no acabas de comprender.

¿Por qué debería la Muerte acechar siempre en las sombras?
¿Por qué debería la Muerte aguardar al otro lado de la verja?

El mal tiene forma de hombre.

Ver a los demás envejecer y morir, ver el ascenso y la decadencia de los reinos, perder todo lo que uno entiende y aprecia..., ¿quién puede soportar todo eso? El tiempo te conducirá a una desquiciada desesperación, a una furia sin sentido. ¿No lo entiendes?

Y eso de que la locura es tu enemiga no es cierto, si eres realmente fuerte.

Por primera vez en mi vida inmortal, añoré el silencio de la tumba, la sensación de que todas las cosas estaban fuera de mi control.

Respiramos la luz, respiramos la música, respiramos el momento que pasa a través de nosotros.

Una mirada en un rostro, la música de un violín. Un teatro de París puede estar imbuido de lo espiritual pese a toda su solidez. No existe en él nada que no haya sido moldeado por la fuerza de quienes poseían visiones espirituales de lo que podría ser.

Hay sabiduría en la carne, en el modo en que hace las cosas el cuerpo humano.

Un cantante puede hacer añicos un vaso si logra dar el agudo preciso, pero la manera más fácil de romper ese vaso es, simplemente, dejarlo caer al suelo.

Tal vez este conocimiento te cambie en algo. Supongo que eso es lo que hace siempre, en realidad, cualquier conocimiento...

Muy pocos seres buscan de verdad el conocimiento en este mundo. Mortales o inmortales, son escasos los que hacen preguntas. Al contrario, casi todos intentan extraer de lo desconocido las respuestas a las que ya han dado forma en sus propias mentes; justificaciones, confirmaciones, formas de consuelo sin las cuales serían incapaces de continuar adelante. Preguntar de verdad es abrir la puerta al torbellino. La respuesta puede aniquilar a la vez la pregunta y a quien la hace.

¡Estoy besando en la boca a la diosa! ¿Qué me está pasando? ¡Estoy loco sólo de pensarlo!

¿Por qué razón debería protegerte de la verdad?

¿Qué podemos hacer sino extender las manos para el abrazo que ahora debe contener a la vez el cielo y el infierno: nuestro destino una y otra vez?

Mi amor, el mal de mi maldad. Claudia me rompía el corazón.

Y, si miramos atrás, tal vez sepamos ver el futuro y los medios para cambiarlo. Lo mínimo que podemos hacer es intentar comprenderlo.

Dime lo malo que soy. ¡Me hace sentir tan bueno!

El más humano de todos nosotros, el más perverso.

Con ese simple gesto yo acababa de aumentar la cantidad total de luz en el universo, ¿o no?

Para poder caminar al sol durante un día. Para pensar, respirar y sentir como mortal.

Y Claudia ya no se reía. Porque estaba muerta.

Sólo los muertos saben lo terrible que es estar vivo.

Podría enamorarme de ti. Sé que podría.

¿Existió alguna vez una bestia de aspecto tan aterrador y al mismo tiempo tan dulce y llena de afecto?

Perdí mis ilusiones. Perdí mis mentiras preferidas.

No puedes dejar este mundo tal como lo has encontrado.

Nuestro progreso moral ha llegado a su fin, mientras que nuestro intelecto crece a pasos agigantados.

Creo que ambos son fruto de tu imaginación, que te castigas a ti mismo; es la única forma en que sabes divertirte.

¿Saben lo que pienso sobre el llanto? Pues que algunas personas no saben llorar. Sin embargo, una vez que has aprendido a llorar no existe nada comparable. Compadezco a la gente que no sabe. Es como silbar o cantar.

Eso era poesía, versos burlescos o como quieras llamarlo.

Tienes la virtud de la curiosidad

Aquello nada tenía que ver con la razón, la observación o el entendimiento, con escuchar o tratar de aprender.

Experimentamos la eternidad en nuestra carne; el hombre que yo llevaba dentro sabía que la mujer lo sabía. Experimentamos una sensación que supera todas las sensaciones terrenales, una sensación que se aproxima a lo divino.

Todos se sentirán ofendidos por mi mensaje de amor y lo que éste exige a los seres humanos.

Un hombre puede saber los que es...

La clave no es ganar o perder, es hacer el intento.
Quizá nunca seré lo que debo o quiero ser. ¿Pero
cómo lo sabré si no lo intento?

Claro que asusta, ¿Entonces cuál es la alternativa?
Estancamiento. Una segura y más terrible forma de mo-
rir. No corporalmente, sino espiritualmente.

Un animal sabe lo que es, y lo acepta. Un hombre pue-
de saber los que es. Pero se cuestiona, sueña, lucha,
cambia, crece.

viernes, 16 de noviembre de 2007

PROBLEMAS DEL SUBDESARROLLO

Nicolas Guillén

Monsieur Dupont te llama inculto,
porque ignoras cuál era el nieto
preferido de Víctor Hugo.

Herr Müller se ha puesto a gritar,
porque no sabes el día
¡exacto¿ en que murió Bismark.

Tu amigo Mr. Smith,
inglés o yanqui, yo no lo sé,
se subleva cuando escribes shell.
¡Parece que ahorras una ele,
y que además pronuncias chel!

Bueno ¿y qué?
Cuando te toque a ti,
mándales decir cacarajícara
y que donde está el Aconcagua,
y que quién era Sucre,
y que en qué lugar de este planeta
murió Martí.

Un favor:
que te hablen siempre en español.

Burgueses

Nicolas Guillén

No me dan pena los burgueses vencidos.
Y cuando pienso que van a dar me pena,
aprieto bien los dientes, y cierro bien los ojos.

Pienso en mis largos días sin zapatos ni rosas,
pienso en mis largos días sin sombrero ni nubes,
pienso en mis largos días sin camisa ni sueños,
pienso en mis largos días con mi piel prohibida,
pienso en mis largos días Y

No pase, por favor, esto es un club.
La nómina está llena.
No hay pieza en el hotel.
El señor ha salido.

Se busca una muchacha.
Fraude en las elecciones.
Gran baile para ciegos.

Cayó el premio mayor en Santa Clara.
Tómbola para huérfanos.
El caballero está en París.
La señora marquesa no recibe.
En fin Y

Que todo lo recuerdo y como todo lo recuerdo,
¿qué carajo me pide usted que haga?
Además, pregúnteles,
estoy seguro de que también
recuerdan ellos.

La oración, ¿sirve de algo?

| Harold Segura C.
La pregunta es capciosa, no hay duda, pero válida si tenemos en cuenta que vivimos en
una época donde impera lo funcional y pragmático. Hoy no hay tiempo para lo incierto e intangible. El misterio de lo divino ha sido ocultado por nuestro racionalismo funcional. Por eso se nos pregunta a los* creyentes: ¿Por qué creer en lo celestial como solución para los enormes problemas terrenales? ¿No habrá medios más eficaces y decisivos para acabar con las situaciones indignas del ser humano? En otras palabras: ¿Podemos orar y estar seguros de que sirve de algo?
Estas son inquietudes honestas que surgen, sobre todo, al ver la realidad abrumadora de nuestro mundo. El hambre, la pobreza, la corrupción, la violencia y la exclusión social, entre otros males, nos desesperan y nos conducen a buscar soluciones prácticas, en las que a la oración no se le concede lugar alguno. Incluso, este escepticismo se percibe en muchas ocasiones entre cristianos que trabajan a favor de la transformación humana y del bienestar integral de los demás. Un escepticismo que, en algunos casos, transforma la fe en activismo y la esperanza en mesianismo humano.
La vida y las enseñanzas de Jesús nos recuerdan la centralidad de la oración. Para él, la oración era la forma de mantenerse en contacto permanente con el Padre, de someterse al escrutinio de Su voluntad y de recibir la inspiración para continuar anunciando y haciendo presente la realidad del Reino de Dios y su justicia. Jesús oraba en privado, lo hacía en público y muchas veces se unía a sus discípulos para practicar la oración comunitaria. Siempre se cuidó de no caer en los riesgos de la oración ritualista, carente de sentido y de acción, como era la de los religiosos de su tiempo. A los fariseos les recordó que sus largas oraciones no servían para nada; eran solamente una excusa más de su religiosidad carente de justicia y de misericordia para con el prójimo.
Pero, ¿sirve de algo?. No sirve de nada cuando se desliga del compromiso cotidiano con la causa del Reino de Dios y cuando se divorcia de la vida y de la Historia. No es cristiana la devoción que se separa de la ética. Ya Kant, el célebre filósofo alemán, señalaba que el ser humano se dispensaba, orando, de actuar moralmente. Por eso para él, la oración era, literalmente, mera tontería.
La oración de nada sirve, seamos sinceros, cuando paraliza las acciones y justifica la falta de compromisos. De nada sirve cuando aliena la existencia y sirve como excusa a la injusticia. A eso se refería Jesús cuando dijo: “!Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, porque les quitan sus casas a las viudas y para disimularlo hacen largas oraciones...” (Mateo 23:14). Sus oraciones, aunque largas y elocuentes, no eran más que palabrerías mal intencionadas para ocultar el despojo. De ahí la dureza con que Jesús las condenó.
Pero sirve de mucho, y resulta crucial, cuando va unida a la acción y cuando se integra en la totalidad de nuestra vida cristiana; cuando es súplica sincera que busca conocer la voluntad del Padre y cuando conduce al compromiso efectivo con esa voluntad revelada.
Jesús oraba: “... pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” (Mateo 26:39).
De ahí que debamos resaltar el binomio oración-acción; para que nuestras oraciones no
se queden en la retórica litúrgica sino que conduzcan al cumplimiento de la voluntad de Dios en el mundo. Pero también, para que nuestras acciones, por más esforzadas y
nobles que sean, no se conviertan en activismo instrascendente, donde Dios -el
“totalmente otro”- quede ausente y eliminemos así la posibilidad del sentido de nuestro compromiso como cristianos. Orar y no actuar es tan errado como actuar sin orar.
Oración y acción son una pareja que no deberíamos divorciar, para que nuestras
oraciones sirvan de algo y para que nuestras acciones conduzcan a algo. La clave vuelve a estar en la vieja regla monástica Ora et labora, como enseñaba San Benito.

Por razones estrictamente gramaticales –no de discriminación de sexo- y para facilitar la lectura, se usa el género masculino para referirse tanto a hombres como a mujeres, tal como rige para el idioma castellano.

¿Kaká? Mejor Colin Bell


SILLA DE PISTA - - Posted on Agosto, 23 at 2:36 pm

Kaká - Bell

Sus compañeros de equipo lo llaman Ricky pero es conocido universalmente por Kaká –el apodo de uso común en Brasil de las personas llamadas Ricardo–. Ricardo Izecson dos Santos Leite, un joven jugador de fútbol de 25 años, es uno de los deportistas de élite ricos y famosos de referencia. Ramón Calderón, presidente del Real Madrid, está dispuesto a pagar lo que sea por poder ficharle, pero él prefiere seguir en el Milan AC, el equipo del magnate Silvio Berlusconi. Pertenece de la organización evangelical Atletas de Cristo.

Sufrió un accidente cuando se cayó desde un trampolín y se fracturó una vértebra. Eso pudo haber significado el final de su carrera futbolística, pero según los biógrafos oficiales del astro, "creer en Jesús le permitió recuperarse y convertirse en exitoso futbolista" (Wikipedia).

"Exitoso", rico y famoso… La derecha religiosa está a partir un piñón con este fenómeno mediático del fútbol desde que, al final del partido en el que su equipo se proclamó campeón de Italia en 2004, se desenfundara la camiseta reglamentaria del equipo que le paga para lucir debajo otra espontánea –y sin pasar por caja– con la leyenda "Yo pertenezco a Jesús" estampada, claro, en inglés: "I belong to Jesus". Olé, publicidad intercontinental gratis por el morro para los Atletas de Cristo. Ya puestos a infringir, una ocasión de oro perdida de haber podido haberlo hecho por alguna causa solidaria, como la defensa de la Amazonía, los derechos de los pueblos indígenas, la situación de los niños de la calle en Brasil…

Su boda con la joven Carolina Celico viene siendo utilizada por la derecha religiosa para pregonar urbi et orbe el compromiso de Kaká con… la castidad: nada de relaciones prematrimoniales. Y a nosotros, qué. Pero la derecha religiosa está exultante con Kaká, por lo bien que ha aprendido el guión: nada de incomodar al sistema con algún pronunciamiento inadecuado sobre las guerras, las injusticias sociales, el hambre en el mundo, el trabajo infantil, la especulación urbanística, la usura bancaria… Los niños de la calle en Brasil… que esperen. La recta doctrina es desviada de manera nada inocente a la abstinencia sexual. Pero qué tristura de religión.

Kaká dice pertenecer a Jesús. Pero un servidor no ve en ningún pasaje de los Evangelios que Jesús de Nazaret mande hacer el numerito de ponerse a orar de rodillas para la foto luciendo la camiseta espontánea no prevista en un multimillonario contrato que le está reportando con largueza los ingresos de mil profesores de Universidad magníficamente bien pagados. El testimonio cristiano no sería otro que el de consolar al jugador red del Liverpool tendido en el suelo delante del ídolo de los fundamentalistas tras ser derrotado su equipo por el Milan de Kaká en la última Copa de Europa de de fútbol. La foto no miente: alzar las manos y cerrar los ojos cara a la galería sirve en este caso para desentenderse olímpicamente de lo que está pasando delante de las narices de quienes se ponen a orar en público para ser vistos de los hombres a través de las cámaras de los fotógrafos, en vez de hacerlo en secreto en la habitación, cerrada la puerta (Mateo 6:5-6).

No, no cuenten conmigo, por favor, en la ceremonia antievangélica de la acepción de personas por la vía de la exaltación de ases del deporte ricos y famosos que hacen el juego al neoliberalismo económico con manifiesta dejación del compromiso con el Evangelio de Jesús a los pobres. Prefiero mil veces al deportista de la otra foto. Vedlo ahí: es el ex futbolista y entrenador de fútbol inglés afincado en Alemania Colin Bell. Todo lo contrario de la imagen del deportista exitoso, forrado de pasta y ajeno a la dura realidad de las cosas de la vida, Colin Bell es un perdedor nato… ¡como la mayoría de los mortales! Pero le da mil vueltas al paripé de los Kakás exitosos y multimillonarios por los que pierde el culo en adularles la derecha religiosa: tiene un testimonio ejemplar, heroico de puro rebosante de humildad, de los que infunden la admiración y el respeto de la sociedad.

De entrada, Colin Bell arrastra el problema de llamarse igual que otro futbolista del mismo nombre, éste legendario, del Manchester City. Él procede del modesto Leicester City y marchó a Alemania, donde fue rotando como defensa lateral derecho por equipos de categoría regional; su momento de gloria deportiva no pasó de un ascenso a la segunda división en 1988 con el FSV Mainz 05. Hizo el curso de entrenadores y volvió a desfilar, esa vez como segundo entrenador, por diferentes equipos. En su último destino, consiguió ascender de categoría al Mainz 95 pero una súbita sordera propició su destitución fulminante. "Gefeiert und gefeuert", festejado y despedido en el mismo acto.

Perdedor redivivo, no dudó en afrontar la prueba de fuego de su oficio de entrenador, que no es otra que la de ponerse a trabajar con chicos. En la actualidad es entrenador de chavales en equipos juveniles. Y tiene asunto: pertenece al grupo de deportistas profesionales protestantes de Alemania SRS Pro Sportler. La emisora de la Iglesia Evangélica Alemana Evangeliums-Rundfunk anuncia en su programación de televisión por Internet una película con él que le presenta como fiel seguidor de Jesús de Nazaret y valiente correligionario del apóstol Pablo, con quien coincide no sólo en afirmar de labios, sino en demostrar con su vida que "cuantas cosas eran para mí ganancia las he estimado como pérdida por amor de Cristo" (Filipenses 3:8). Por si la cita no fuese suficientemente clara, el siguiente versículo califica como "basura" el oropel que rodea a los deportistas ricos y famosos que tanto encandila a la derecha religiosa.

Con su trayectoria profesional tan… humana y su testimonio personal nada teatrero, Colin Bell tiene desde luego mucho más que decir a la juventud que los Kakás con los numeritos de la camiseta que en buena hora ha prohibido la FIFA. Con la autoridad del respaldo de los lectores de este blog y el apoyo del Consejo Editorial, declaremos inaugurada una nueva época profética en la que los Colin Bell de este mundo son gente especial, gloriosamente libres de glamur pero con asunto, gente admirable a la que hay que conocer. Ser perdedores, reconocerse perdedores necesitados de salvación y pedir ayuda a Dios para a su vez poder ayudar a otros…

¿Un "código del campeón"? Valga. Pero no el de los campeones individualistas ricos y famosos que cobran lo que trescientos catedráticos sobresalientes, posibles candidatos a Premio Nobel, sino el de los campeones solidarios del Evangelio que no hacen show pseudorreligioso cerrando los ojos para no ver al prójimo postrado, necesitado de consuelo delante de sus propias narices. ¡Estamos con Colin Bell! Gracias a Dios, hay vida más allá de la derecha religiosa y sus ídolos ricos, famosos… y sin asunto.

Tomado de http://www.lupaprotestante.es/mlopez/?p=229